No sé cuantos ángeles te quieran ayudar, pero tengo la esperanza que ninguno va a poder desnudarte, no de cuerpo, sino de alma, disfrutar ese placer. Y la verdad no sé bien a que tengo miedo, nunca fui mucho de apostar, una corazonada me dice que es hora de parar. Y lo peor es que estos días ando seca, no tengo un peso para dar, las lágrimas quiero guardarlas para mi juicio final. Y cuando tú cigarro se consuma sin parar, siempre mi voz vas a escuchar, y ahí te vas a decir que hay que saber cuando parar.
jueves, 10 de noviembre de 2011
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