lunes, 17 de octubre de 2011




El olvido es el disparo a la conciencia, la memoria es el final a la inocencia. Soplen fuerte para generar un viento que no deje que se eclipsen los recuerdos. Traigo leña para que no muera un fuego, que no quiere contemplarnos como ciegos.
Porque nunca se me va a curar la herida de haber visto cómo se me iba la vida.
Que me devuelvan las sonrisas espontáneas, que yo a cambio puedo dar mi escepticismo, que es aquel que ha de surgir en la desgracia de sentirse un ingenuo desprotegido. Y que el futuro sólo sea lo que viene y no aquel karma que a mi pánico entretiene.
Por las noches en la cama, no estoy sola. Pues la culpa es inquilina en mis entrañas.
Y que el futuro sólo sea incertidumbre, y no la lumbre que amplifique así mis miedos. Reintégrenme el color que habitaba en los sueños, yo puedo dar un centenar de pesadillas, que son aquellas que dan luz a mi desdeño, y quieren empujar un sol que trastabilla.
Y que el futuro sólo sea incertidumbre, y no la lumbre que amplifique así mis miedos. Y no la nube que impida ver el cielo.

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